ESDLA: El Destino de la Comunidad

Diseñado por Matt Leacock. Ilustrado por Jared Blando y Cory Godbey. Publicado por ZMan Games. Editado en español por Asmodee

Introducción

Un oscuro personaje tiene como objetivo corromper el mundo con fuerza bruta y promesas de poder vacías. No estoy hablando de la situación actual del mundo, sino de un nuevo juego cooperativo ambientado en el universo creado por Tolkien hace más de 70 años. Algunas cosas nunca cambian, así que tendremos que dar una mano en El Destino de la Comunidad.

Como se juega

La fórmula es conocida, ya que se basa en el popular Pandemic. En cada turno, los jugadores deberán colaborar para completar una serie de misiones que plantea el juego. Una de ellas siempre será la destrucción del Anillo, mientras que las otras tres provendrán de un mazo con muchísimas posibilidades.

Cada jugador controla dos personajes de la famosa saga y, a su elección, deberá realizar cuatro acciones con uno y una con el otro, escogiendo entre un menú de seis opciones. Podremos movernos por el tablero y movilizar tropas; entrar en combate con las fuerzas del enemigo, no solo para minimizar su impacto militar, sino también para desviar la atención del portador del Anillo; reclutar fuerzas, reclamar fortalezas enemigas y, cuando coincidimos en el mapa con otro jugador, intercambiar cartas con símbolos que ayudan a completar las distintas misiones. También es posible cambiar cartas por fichas que cumplen la misma función, aunque, a diferencia de las cartas, estas pueden acumularse sin límite.

Como es de esperar, cada personaje cuenta con habilidades y limitaciones propias que respetan muy bien la temática. Al finalizar el turno se roban dos cartas de juego, aunque entre ellas también aparecerán las amenazas de la Sombra, que irán incrementando poco a poco el poder de Sauron.

Para cerrar la ronda, los malos hacen su jugada. Dependiendo del nivel de amenaza, se revelan cartas que reclutan fuerzas enemigas, movilizan tropas con la intención de tomar nuestros refugios y desplazan el Ojo de Sauron junto a los Nazgûl. Si estos convergen en la ubicación de Frodo, habrá que lanzar dados que podrían reducir el nivel de esperanza.

Si en algún momento la esperanza llega a cero, ya sea por la búsqueda implacable del Ojo o por las pérdidas militares, la partida termina en derrota. Si, por el contrario, logramos completar las cuatro misiones, Sauron será vencido.

Mi opinión.

Los que me conocen saben que no soy especialmente fan de los juegos cooperativos y que, si bien disfruté de El Señor de los Anillos tanto en libros como en películas, los juegos donde la temática ocupa el primer plano suelen resultarme algo tediosos. Contra todo pronóstico, me llevé una grata sorpresa.

La estructura directa y familiar de Pandemic suaviza los bordes de un juego cuya prioridad es sumergirte en la historia, consiguiendo un equilibrio que toma lo mejor de ambos mundos. Cuando la partida comienza, pensás: Pandemic. Serie de acciones, robar cartas y después activar las consecuencias negativas. Sin embargo, un par de turnos más tarde tu cabeza ya está en la Tierra Media, intentando desviar el Ojo de Sauron de Frodo mientras convencés a elfos y enanos de involucrarse en la batalla más importante de todas.

Afortunadamente, el juego se nutre de un amplio abanico de misiones inspiradas en distintos momentos de la obra para aportar rejugabilidad y diferenciarse de su predecesor. A esto se suma una gran cantidad de personajes entre los que elegir, cada uno con habilidades únicas y, en algunos casos, con problemáticas propias que les aportan mucha personalidad. Todo esto se combina con un excelente balance que incrementa la dificultad de forma gradual, generando una gran sensación de progresión siempre al servicio de la narrativa.

Si bien su apartado artístico resulta muy evocador y diferente de otras propuestas basadas en esta temática, el tablero puede resultar algo intimidante y confuso durante las primeras partidas. Tampoco es especialmente cómodo manipular las pequeñas tropas o los enormes Nazgûl, aunque hay que reconocer que estos últimos imponen una presencia espectacular sobre la mesa.

El otro aspecto que no termina de convencerme es que cada jugador deba controlar dos personajes. Entiendo perfectamente el motivo de diseño, pero creo que la experiencia sería más limpia si cada uno manejara solamente uno.

Aun así, estos detalles son menores y un sólido modo solitario cierra un gran trato. No me queda más que recomendar con entusiasmo un juego que, inesperadamente, podría terminar colándose en mi top del año.

Publicado por Ludocracia

Club y espacio cultural dedicado a la difusión de un gran hobby para estos tiempos que corren: El juego de mesa

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