Diseñado por Alessandro Cuneo y Simone Luciani. Ilustrado por Jorge Monlongo.Publicado por Devir.
Introducción
Otra entrega de Devir que nos acerca a la saga Kemushi, una historia que se desarrolla en un mundo fantástico con sabor oriental y que pone el foco en la relación entre la naturaleza, los espíritus y los seres humanos que se expanden por el territorio.



Cómo se juega
Cada jugador comienza con su propio mazo de trece cartas de pobladores y un tablero vacío. En cada turno, y de forma simultánea, los jugadores revelan cartas una a una hasta que deciden detenerse o se ven perjudicados por los yokai. Luego siguen dos fases más: una de acción y otra de reclutamiento. Si al revelar cartas se superan los seis yokai, el/la jugador/a solo podrá realizar una de las dos.
Al realizar la acción, primero se suman los recursos que aparecen en las cartas. Hay brújulas, martillos y libros, cuya cantidad se registra en el tablero personal. Luego se puede realizar una de las tres acciones asociadas a estos recursos.
Con las brújulas se puede explorar el territorio, llenando el tablero con losetas de bosque, colina o montaña. Al tapar ciertos espacios se pueden obtener beneficios inmediatos, bonificaciones o cubrir puntos negativos que, de otra forma, afectarían la puntuación final.



Con los martillos se pueden construir granjas o ir mejorándolas para transformarlas en pueblos o ciudades. Los grupos de estas construcciones pueden convertirse en distritos.
Con los libros se desarrolla la civilización, lo que permite alcanzar nuevas eras.
Luego viene la fase de reclutamiento. Primero se obtienen los beneficios que aparecen en la parte inferior de las cartas. Las monedas se utilizan para reclutar nuevas cartas, que provienen de tres mazos y están disponibles según la era en la que te encuentres. Cada carta nueva reemplaza a una anterior, por lo que la decisión es muy importante. Esto permite alterar la cantidad de yokai, su distribución y los tipos de recursos que podemos obtener, moldeando así nuestra estrategia.
Cuando alguien construye el tercer distrito, entra en la quinta era o alcanza los 15 puntos, la partida termina. Se suman entonces los distintos hitos alcanzados, así como los puntos de las cartas y del tablero, para determinar al ganador de Shugendo.
Mi opinión
Si bien la construcción de mazos no es de mi paladar, logro disfrutarla cuando es una parte del juego y no el foco central. También descubrí que hay más chances de que me guste si el mazo se mantiene constante y no simplemente se acumulan cartas. Esto, combinado con un blackjack para obtener recursos y realizar acciones, crea una combinación que, si bien no es innovadora, me resulta atractiva.
La forma en que el mazo se va transformando refleja tu estilo de juego, no solo porque los recursos que se acumulan dictan la estrategia a seguir, sino también porque la cantidad de yokai en tu mazo te hace actuar de manera diferente.
Shugendo engloba una serie de carreras contra los rivales para alcanzar diversos objetivos. Algunos se encuentran en el tablero, que ofrece un sólido puzle, y otros, en la composición del mazo y las oportunidades que ofrecen las cartas. No se puede hacer todo, así que hay que tratar de ser astuto al respecto.



La sensación es la de un juego bien construido, que combina varias cosas en un producto que, si bien deja ver sus suturas, se mantiene cohesivo de principio a fin. Tal vez su aspecto más cuestionable sea la dinámica de la ronda. Jugar con la cabeza gacha, cada quien en lo suyo hasta que llega la fase de compra, no es algo que disfrute. Además, siempre está la duda de si todos están siguiendo las mismas reglas. Sin embargo, hay que decir que el juego mantiene un buen ritmo gracias a esa dinámica.
En cuanto al aspecto físico del juego, poco hay que acotar que no sea visible en las fotos. El arte tiene personalidad y está bien logrado, aunque no es mi favorito entre los de la saga Kemushi. Creo que algunos colores pueden generar confusión, ya que se utilizan para distintas cosas, aunque en mis partidas no ha dado problemas. Sin duda, una producción sólida, aunque no indiscutible.
Poniendo todo esto sobre la mesa, Shugendo redondea una propuesta más que recomendable si te atraen sus distintas partes y no te molesta el aspecto de solitario múltiple durante la mayor parte del turno. Dentro de los tantos juegos que combinan estas mecánicas, este ha sido mi favorito hasta el momento.

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