Diseñador por Matthew Dunstan y Brett J. Gilbert. Ilustrado por Joanna Rosa, Publicado por Osprey Games. Editado en español por Do It Games.
Introducción
Tras la ventana del tren se suceden los pastorales paisajes de la Inglaterra de fines del siglo XIX. La calma que transmiten solo se ve eclipsada por las oportunidades comerciales que comienzan a gestarse en Village Rails.


Como se juega
En cada uno de los 12 turnos, los jugadores tomarán una carta de paisaje para agregar a su grilla personal. Estas cartas contienen vías ferroviarias que se irán interconectando para formar líneas continuas que puntuarán una vez alcancen un destino en el extremo opuesto de la grilla. Los puntos dependen de los íconos presentes en cada recorrido. Tendremos estaciones que otorgan puntos directos, así como señales de tráfico que recompensan por acumulación. Los graneros puntúan según la cantidad de paisajes iguales del tipo indicado que aparezcan a lo largo de la línea, mientras que las granjas valoran justamente lo contrario: la variedad de paisajes recorridos.
Además, cada línea puede contar con hasta dos cartas de destino. Estas pueden comprarse como una acción opcional durante el turno y representan objetivos asignados a cada recorrido que, de cumplirse, otorgan interesantes bonificaciones.


Al completar una línea también obtenemos dinero. Este recurso es clave porque, en el despliegue de cartas disponible, la primera opción siempre es gratuita, pero acceder a cualquiera de las demás requiere pagar una moneda por carta salteada. Poder elegir requiere invertir.
Cuando cada jugador completa su grilla de 3×4 cartas, se otorgan algunos puntos adicionales por el dinero sobrante y por los atracaderos conectados a las vías, determinando así al ganador.
Mí Opinión
Lo que aparenta ser un juego simple y rápido sorprende por su nivel de profundidad, especialmente considerando su mínimo despliegue y la escasa cantidad de componentes. El rompecabezas es sencillo de comprender, pero existe una tensión constante entre los distintos objetivos y decisiones. Las líneas más largas suelen ser mejores, pero para desarrollarlas necesitaremos dinero que nos permita acceder a cartas más convenientes, y ese dinero normalmente solo se obtiene al completar recorridos. Esto obliga a tomar decisiones difíciles de manera constante.
El aspecto económico resulta fundamental, ya que hay que evaluar cuidadosamente cuándo una carta más costosa realmente justifica la inversión. Las cartas de destino terminan de completar la propuesta y, bien combinadas, pueden representar la mayor diferencia de puntos de toda la partida. Acá, cada pequeña decisión cuenta.


En cuanto a la producción, hay algunos aspectos mejorables. Si bien el reducido tamaño de la caja facilita transportarlo y jugarlo en espacios pequeños, también hace que algunos elementos resulten difíciles de leer y manipular. Los diales para llevar la puntuación son una buena idea, aunque presentan ciertos problemas de producción. El apartado artístico tampoco ayuda demasiado a que destaque, especialmente por una portada que recuerda más a un libro juvenil de los años 80 que a un juego de mesa moderno.
Afortunadamente, estos detalles son menores. Village Rails sorprende con una experiencia absorbente y robusta de construcción de patrones, que se explica en pocos minutos y ofrece una gran cantidad de decisiones interesantes. Es, además, una de las mejores relaciones entre tamaño de caja, complejidad de reglas y cantidad de juego que he encontrado en mucho tiempo.
