Diseñado por Daniel Byrne, José Gerardo Guerrero, Kevin Peláez y Tirso Virgós. Ilustrado por Alfredo Cáceres. Publicado por Zombie Paella.
Introducción
Las propuestas matrimoniales de pesados príncipes son una verdadera molestia para quienes buscan aventuras, diversión y realización personal. Por eso, para estas Rebel Princess, será mejor perderlos que encontrarlos.


Como se juega
Estamos ante un juego de bazas que, por un lado, es bastante tradicional, pero que por otro agita el avispero para destacar.
El mazo está compuesto por cartas del 1 al 12 de cuatro palos distintos: Hadas, Reinas, Mascotas y los funestos Príncipes.
En cada una de las cinco rondas, tras repartir las cartas entre los participantes, se juega una serie de bazas tradicionales, donde el jugador inicial juega una carta y el resto debe seguir el mismo palo siempre que sea posible. Quien haya jugado la carta más alta de ese palo gana la baza. Hasta ahí, todo normal.


Al principio no es posible comenzar con príncipes, así que los problemas llegan cuando alguien, al no poder seguir el palo, empieza a incorporarlos a las bazas. Cada uno representa un punto negativo y, al cabo de las cinco rondas, quien acumule menos puntos será el ganador. Hay que tener especial cuidado con el sapo del palo de Mascotas, porque se trata de un príncipe hechizado que resta cinco puntos.
Hay dos giros importantes. Cada jugador tiene una princesa con una habilidad especial que puede utilizar una vez por ronda. Alicia, por ejemplo, puede repartir las cartas de una baza ganada al azar entre los participantes, mientras que Cenicienta invierte el valor de las cartas. En total son diez princesas y sus efectos son muy variados.
El otro giro es una carta que se revela al azar en cada ronda y que puede modificar las reglas de forma significativa, obligando a reevaluar la dinámica habitual, siempre con el objetivo de terminar la partida con la menor cantidad de puntos posible.
Mi opinión
No solía disfrutar los juegos de bazas, pero hace poco les empecé a tomar cariño. Este pequeño viene a reafirmar eso gracias a su picardía. En estos juegos siempre se trata de contar cartas y especular con lo que tienen los rivales. No soy especialmente bueno en eso, la verdad, pero la interacción que se genera hace que la experiencia resulte divertida más allá de lo que ocurre mecánicamente.


Aquí eso se ve potenciado por el hecho de que, más que hacer puntos, uno intenta enchufarle los puntos negativos al resto. Además, los cambios que introducen las cartas de ronda y el pequeño pero efectivo agregado de las habilidades especiales le dan al conjunto un buen equilibrio entre simplicidad, sorpresa y oportunidades para jugadas astutas.
Si bien hay otro exponente del género que sigue ocupando el primer lugar para mí, recomendaría antes Princesas Rebeldes a un público general que simplemente quiera divertirse. Su simpático arte y una temática fresca y desenfadada terminan de redondear la propuesta.
