Obsesión

Diseñado e ilustrado por Dan Hallagan. Publicado por Kayenta Games. Editado en español por Maldito Games.

Introducción

Estamos en la campiña inglesa en pleno siglo XIX. Con un patrimonio escaso, tanto económico como social, y un puñado de sirvientes, tratamos de reclamar nuestro lugar en la aristocracia.

Como se juega

Cada jugador comienza con un grupo de trabajadores de distintos tipos, una mano de cartas que representan a la familia y algunas personas cercanas, cierto nivel de prestigio y losetas de infraestructura inicial de la estancia.

En cada turno llevamos adelante una serie de acciones. Al comienzo se da la rotación del servicio (forma de recuperar trabajadores) y al final tenemos la posibilidad de comprar nuevas losetas, pero la acción clave está en el medio.

Allí usamos una loseta de infraestructura que determina la actividad del turno y le asignamos la servidumbre adecuada para llevarla a cabo.

Organizamos eventos sociales para ganar prestigio y atraer la atención de aristócratas (nuevas cartas), deportes (actividades que traen dinero), así como encuentros más casuales y, por supuesto, la contratación de personal.

Las actividades sociales requieren bajar cartas de aristócratas y, de ser necesario, asignarles personal extra. Estos pueden incrementar la reputación, generar ingresos o incluso llamar la atención de nuevos nobles. Algunos, menos respetables, pueden ocasionar ciertos problemas, así que conviene tener cuidado con quién se rodea la familia.

Nuestro nivel de reputación determina las actividades que podemos organizar, así como el nivel máximo de los invitados.

Luego de la actividad, los personajes se descartan, el personal se retira a descansar y la loseta de infraestructura generalmente sube de nivel.

Cada cierto tiempo debemos tomar un turno de descanso, cuya acción principal nos permite recuperar las cartas a la mano para reutilizarlas.

Tras una serie de turnos, el ganador se determina sumando los puntos obtenidos por los aristócratas atraídos, las losetas adquiridas, los trabajadores, el dinero y el nivel de prestigio alcanzado.

Mí opinión

Omití muchos pequeños detalles en la explicación porque Obsesión es un juego denso. En su concepción, se trataba de un sistema simple al que se le fueron añadiendo capas para lograr algo que pocos juegos de este estilo consiguen: profundidad temática.

Gran parte del esfuerzo está puesto en contar una historia, y eso se logra en parte gracias al arco de la partida. Si bien la acción principal es, en esencia, la misma, hay una clara progresión a medida que aumentamos nuestro nivel y podemos organizar eventos más rimbombantes e invitar a personas más influyentes. También la actualización del mercado de losetas disponibles amplía las posibilidades con el avance de la partida. Cabe destacar que hay una gran variedad de losetas, y las de servicio otorgan habilidades especiales que generan fuertes diferencias entre los jugadores.

El otro aspecto que nutre la narrativa son las cartas de personaje. Cada una es distinta y, si bien desde el punto de vista mecánico solo nos interesa qué atributos modifica, los pequeños textos le dan una personalidad que se mantiene firme durante la partida. No es lo mismo recibir en nuestra hacienda al señor Charles Hobart, que tiene excelentes contactos pero una madre actriz, que al acaudalado vizconde Walmy, considerado un mujeriego incorregible.

Respecto a la producción, tengo sensaciones encontradas: en algunos aspectos sobresale; en otros deja que desear, aunque el saldo general es positivo. Lo tosco —aunque claro— del diseño y del arte resulta compatible con la temática y, al mismo tiempo, funcional.

Obsesión no es para todo el mundo. Algunos dirán que es repetitivo en su estructura o que el azar de las losetas y las cartas pesa demasiado para un juego de esta complejidad y duración. Pero quienes amamos los juegos de gestión que se comprometen fuertemente con su temática encontramos aquí un título cautivante.

Publicado por Ludocracia

Club y espacio cultural dedicado a la difusión de un gran hobby para estos tiempos que corren: El juego de mesa

Deja un comentario