Diseñado por Bruno Cathala y Corentin Lebrat. Ilustrado por Gorobeï. Publicado por Lumberjacks. Editado en español por Maldito Games
Introducción


¿Se imaginan a dos personas tratando de armar, cada una, un rompecabezas con un solo juego de piezas? Bueno, yo tampoco me lo imaginaba hasta que jugué Solsticio.
Como se juega
Como elemento central tenemos una imagen de una montaña conformada por 48 losetas. Estas tienen un número y un color que muestran su posición en la imagen general. Se mezclan y se reparten 3 a cada oponente, a la vez que colocamos 6 boca arriba en el centro de la mesa.



En su turno, un jugador juega una de las losetas de su mano. Si esta coincide en número o color con alguna de las presentes, se toman ambas y se colocan frente a sí, creando el puzzle.
Si no hay coincidencia, se deja en el centro y se roba una nueva del montón. Si en esta segunda hay alguna coincidencia, se procede igual que antes, pero si no, se adquiere una loseta especial de arcoíris que funciona como comodín.
Si al colocar las piezas en el área del jugador se arma un cuadrado de 2×2 losetas, se puede robar otro tipo de loseta especial con espíritus. Estos proveen una habilidad especial en el momento o condiciones para obtener puntos extra al final de la partida.
Cuando ninguno de los oponentes puede capturar una loseta, la partida termina.
Cada jugador obtiene puntos de tres fuentes: la porción más grande de losetas conectadas, las flamas que hay en la cima de la montaña (si están conectadas con el piso) y los espíritus. Quien haya sumado más puntos gana.
Opinión
Solsticio es un juego particular, y ese es su mayor encanto. Aparenta, al principio, ser un juego relajado, de esos que invitan a la charla mientras se desarrolla la partida. La clásica fórmula de “juego una carta, robo una carta”, propia de los populares juegos de barajas de sobremesa.
Es recién con un par de turnos cuando uno se da cuenta de que el otro tiene las piezas que sirven para conectar dos porciones de imagen de su puzzle, y ahí es cuando se eleva la tensión y se prioriza la competencia. En ese punto es evidente que tan importante es conseguir las piezas que necesito como evitar que el oponente se haga con una en particular.
Algunos agregados le dan un toque especial. Un componente de “presionar la suerte” genera emoción al tratar de conseguir las piezas comodín, y los espíritus agregan un condimento imprevisible, tan característico de los juegos franceses.


En el apartado físico cabe mencionar algunas cosas. Sin duda, su arte detallado, colorido y vibrante le aporta un gran carisma. Su pequeña caja también, pero no se dejen engañar, ya que jugarlo ocupa una buena porción de mesa. Creo que se trata de una producción más que acertada, que acompaña muy bien el espíritu del juego. Se echa en falta una carta de ayuda para cada jugador con el dibujo del puzzle completo, así como las habilidades de los espíritus, pero al tratarse de un juego solo para dos no representa un malestar importante.
Solsticio no es el mejor juego para dos de su autor (que tiene muchos y muy buenos), pero destaca por su propuesta original y su carismática presentación.
