Diseñado por Stefan Feld. Ilustrado por Lalanda Hruschka. Publicado por Alea y editado en español por Maldito Games. De 2 a 4 jugadores
Introducción
Carpe Diem es de esos juegos en donde no vale la pena meterse en una introducción hablando de la temática. No sabría qué decir. Estamos en la antigua Roma, hay recursos y terrenos… Si eso no los engancha no los culpo, pero te recomiendo leer la reseña completa. Podrías llevarte una sorpresa

Como funciona
Los jugadores construirán su propio distrito con diversos proyectos con el fin de conseguir recursos y transformarlos en puntos de victoria. Estos proyectos se componen de losetas que provienen de un lugar común.
En el tablero hay una ronda con 7 espacios. En ellos, al principio de cada una de las 4 rondas de juego, se colocan 4 losetas que contienen partes de diferentes proyectos. En su turno cada jugador debe mover su peón hacia adelante o hacia atrás de su posición actual y tomar una loseta de allí para agregar a su tablero personal.
Dentro de los proyectos hay 4 tipos de paisajes productivos que se pueden componer de varias losetas. Al completarlos se obtendrán, dependiendo del tipo de paisaje, uvas, hierbas, pollos o pescado. Las residencias se componen únicamente de 2 mitades y al completarlas se ganan beneficios útiles como cambiar los recursos por monedas, losetas adicionales etc. También hay proyectos una sola loseta con beneficios inmediatos y villas que darán puntos al terminar el juego.
Al final de cada una de las rondas, y en orden según un registro de prestigio, los jugadores se posicionan entre dos cartas de una grilla de objetivos que está en el tablero central. Con esto la idea es obtener puntos, o algún beneficio inmediato como monedas, a cambio de recursos obtenidos durante la ronda o completando ciertos proyectos. Cada par puede ser seleccionado una sola vez en toda la partida. En cada ronda las posibilidades de puntuar se restringen lo que aumenta la competitividad.
Al final de la cuarta ronda el juego termina y a los puntos obtenidos durante la partida se suman las villas completadas, objetivos personales cumplidos y bonificaciones por haber construido los proyectos en lugares específicos del tablero. Quien suma más puntos será el mejor romano.
Impresiones
Siempre he sido un gran fan de los juegos que con una acción sencilla plantean decisiones complejas e interesantes y tal es el caso de Carpe Diem. Mover tu peón un paso adelante o un paso atrás acarrea bastantes consecuencias. La primera e inmediata es que loseta me llevo. Esta decisión depende del proyecto que quiero completar. ¿Trato de conseguir recursos para puntuar al final de esta ronda, o tal vez los beneficios inmediatos de una residencia? Tal vez apuntar a grandes villas para conseguir puntos al final o las fuentes para tener mis propios objetivos secretos.
El abanico de opciones es lo suficientemente grande como para que sea interesante pero no tanto como para transformarse en algo abrumador o lento Las opciones a futuro también son importantes por que mis oponentes se disputan las mismas losetas y objetivos y tengo que tener un ojo en lo que me encontraré en mi camino. Siempre oscilamos entre lo inmediato y el plan a futuro en un balance que mantiene la tensión y el buen ritmo.
La cantidad de cartas de objetivos y las variaciones en el tablero personal, que cambiará las recompensas qué obtengo por posicionar mis edificios al final de cada partida, ofrecen un montón de rejugabilidad. Si sumamos una buena escalabilidad y una duración razonable tenemos en Carpe Diem un título de amplio espectro.
Sus flaquezas saltan a la vista. Una temática poco estimulante y desconectada del juego y una estética reprochable le bajan algunos puntos para mí, pero para ser sincero este título me sorprendió muy gratamente al punto de que siempre ronda en mi cabeza estos días al pensar en lo que quiero jugar. Creo que las mejores experiencias son esas qué piden repetirse y por eso recomiendo que si pueden hacer la vista gorda al apartado estético le den una oportunidad a este Carpe Diem. No los va a defraudar.

